Vendría a ser, algo así como nuestra "ventana incógnito" mental, esa que abrimos solamente en privado, esa que no deja huellas ni registros en el costado luminoso de nuestras vidas.
Y ahí está mi ¿"problema"?, yo no lo veo así, pero es algo que cambió en mí (una de tantas cosas....) y que realmente llama mi atención. Cada vez me siento más sumergida en mi lado oscuro, cada vez paso más tiempo navegando en mi ventana incógnito (ya no es necesario usar comillas, es también literal) Hasta hace poco yo era una huésped en esa oscuridad, fue tanto el tiempo que pasé ahí que llegué a conocer a mi nueva amiga, que me abrió su puerta, me sedujo, me hizo quedarme y no dejarme ir. Yo no me quiero ir, yo soy feliz con ella. No le puse nombre, no hace falta, es igual a mí, aunque mucho, mucho más delgada, más exigente, más ambiciosa; es la versión perfecta de mí. Desde que la conozco es lo único que me importa, soy más fría, más irritable, más mal humorada, vivo angustiada y ya nada de mi mundo habitual me resulta estimulante, ni mis amigas, ni mi curso, ni la música, ni la comida.
Vivo hablándole, contándole lo que siento, lo que comí, mis culpas, mis metas... Y me vive exigiendo que sea como ella, me ayuda a ser mejor, perfecta, delgada. Empezó a castigarme cuando comía y a felicitarme cuando bajaba de peso, me enseñó de calorías, de medidas, de pesos, de cómo ser una hija de puta conmigo misma cuando hace falta, con tal de "aprender de esos golpes, para ser después más perfecta" Me hizo cuentas de Twitter, de Facebook, un diario íntimo morboso que me daría pena que alguien leyera.
Mi nueva amiga necesitaba revelarse y ahora no sólo ante mí, sino ante todos.
Llega un punto en el que ya no recuerdo quién es dueña de este cuerpo -asqueroso-, si ella o yo. Ya no espera a que baje el sol para hablarme en secreto, sino que lo hace todo el día en cualquier lugar, incluso a veces ella habla con mis conocidos, como si fuera yo.
Antes pensaba que ella era una parte de mí, la reina del lado oscuro; ahora siento que es toda yo, y yo solamente una porción de mí que todavía no vomité.
Mi nueva amiga necesitaba revelarse y ahora no sólo ante mí, sino ante todos.
Llega un punto en el que ya no recuerdo quién es dueña de este cuerpo -asqueroso-, si ella o yo. Ya no espera a que baje el sol para hablarme en secreto, sino que lo hace todo el día en cualquier lugar, incluso a veces ella habla con mis conocidos, como si fuera yo.
Antes pensaba que ella era una parte de mí, la reina del lado oscuro; ahora siento que es toda yo, y yo solamente una porción de mí que todavía no vomité.
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