lunes, 28 de octubre de 2013

Cómo ser infeliz contentando al mundo

Mi nueva obsesión por alcanzar la perfección estaba alejándome de las personas que amo, porque en su intento por cuidarme me enojaba y defendía este amor por el no-comer a muerte, asustándolos, agotando su paciencia. Yo lo sentía y sé que no me equivoco. No sé si estoy lista para perder esa parte de mí...

He aquí, yo de nuevo, la misma infeliz de siempre, que empezó a comer para ver caritas felices a su alrededor. No fue difícil empezar a hacerlo, estaba muerta de hambre, pero sí lo fue y lo está siendo el aumentar, el volver a ver a la gorda asquerosa en el espejo, el ver un 44 en la balanza y saber que en dos días serán 47, el escuchar como me insulta mi 'amiga' del lado oscuro "Débil, gorda, nunca vas a ser como yo, sos una fracasada. Siempre lo fuiste y siempre lo vas a hacer"
De vuelta me disfrazo de nenita buena que intenta cambiar con ganas, cuando en realidad estoy gritando de dolor, de bronca.
Las palabras que no digo se transforman en atracones salvajes, con la diferencia de que ahora no puedo sacarlo. Y todo se queda: el enojo, la angustia, y la grasa. Y nadie lo ve, y a nadie le importaría, prefieren esto antes de que deje de comer.
De alguna forma todo este dolor tiene que terminar, necesito volver a sentirme bien, y haciendo esto por los demás, no creo que pueda.

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